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viernes, 10 de agosto de 2012

A las tinieblas se llevaron mis palabras y a veces las busco, tendiendo mis oídos al silencio. El silencio escucha burlándose. Él y yo ya lo sabemos: las palabras no volverán.

Todas las palabras del mundo, en todas las lenguas, formulaciones y acepciones ya fueron dichas. Se han conformado en miles, millares de bocas y cerebros, todas ellas. No me han dejado ninguna.

Las tinieblas me recortan del espacio de los otros y a su vez sin embargo me dan fuerza. Una fuerza que desconozco y que no comprendo.

Siempre el abismo. Me atollo en mis horribles ruidos y callo.

martes, 31 de julio de 2012

Me bautizaron y me exorcizaron como Elsa Idalia
Mi clave natal fue la blancura. 
Toda blanca. 
Todo en blanco hoy día. 
Amanezco y anochezco siempre en blanco.

El alba.

viernes, 27 de julio de 2012

 Mi madre me enseño a leer.
Mi madre me enseñó los libros 
y me traspasó su amor hacia ellos. 
No tuve elección, fue su herencia.
Mi madre me dijo que con los libros yo nunca estaría sola.
Me enseño a cuidar de mis ojos adueñándome de ellos
como el lugar más preciado, el más nítido.
Me explicó que si alguna vez fallasen los oídos,
no sería tan grave, poco me perdería, 
todo lo que valía escuchar se había escrito
y lo rescataría con mis ojos.
Me dijo que si alguna vez fallase la voz, no sería el fin. 
Recibiría el sonido exterior sin devolverlo 
y nadie lo echaría en falta, menos yo.
Estaban las palabras para ser ejecutadas: 
por mis oídos las que ya estaban concebidas, 
por mis manos las que quisiera inventar. 
Al final,
sin mencionar siquiera otras carencias como el olfato o el gusto, 
mi abuela me dijo que ignorara la sordera y la mudez si llegasen a acometerme, 
que la única falta total era la ceguera.
Que cuidara mis ojos. 
Sólo con ellos podría leer.
Sólo ellos me salvarían de la soledad.

miércoles, 25 de julio de 2012

He inventado un nuevo lenguaje: mis ojos.

Los ojos no me servían sino para mirar. 

Hoy todo lo digo con los ojos y lo que ayer comprendía con la mente y el pensamiento hoy lo hago con mis ojos. 

El desconcierto, la pena, la fatiga, el desamor, el furor se convierten en miradas que distanciándose de otras miradas las destacan y me enseñan lo que debo aprender. 

Los ojos subrayan todo acontecer y los libros son ahora el blanco, y el blanco lo envuelve todo, menos los ojos. siempre atentos. 

Ellos generan el pensar que ya no tendrá pensamiento y lo que mis ojos reparen no existe, no me detengo en nada que no detecten mis propios ojos, no deben desviarse mis ojos, carezco de todo otro lenguaje, el único es el que veo y miran mis ojos.

Son ellos mi nuevo lenguaje. 

Desde hoy, mis ojos hablarán por mí. 
Y es con esos ojos que contaré esta historia.